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miércoles, 7 de junio de 2017

Empujando con Miguel Barnet [Lectura comentada de su poema “Empujando un país”]

Yo soy el que anda por ahí
empujando un país

(Como es sabido, la isla flota de manera imperceptible, y el poeta confiesa ser el que la ha empujado durante todos estos años. Hacia dónde la empuja y con qué propósito, permanecen sin contestación. Además: no aclara cuántas millas ha recorrido: ¿40? ¿60? ¿90?)

No es una fantasía, es cierto,
me he pasado la vida empujando un país

(No es necesario que el poeta insista. Sabemos que es cierto, y de su capacidad para empujar cualquier cosa que ruede o flote, o que resulte inamovible para otros, como la carroza de la UNEAC. Se ha pasado la vida empujando, lo sabemos, como mismo ahora nos empuja este poema.)

Con grandes piedras del camino
y mis zapatos gigantes
he ido poco a poco empujando un país

(Primera objeción ideológica: la imagen de las piedras y el poeta empujando han de asociarse a la figura de Sísifo, que aquí tendría una especial carga negativa. Imaginamos al poeta empujando una piedra que inevitablemente rodará cuesta abajo (¿la Revolución?) como condena eterna. Segunda objeción ideológica: la imagen de los zapatos gigantes tiene que ver con la figura del clown, el poeta como bufón de corte, que aquí se vería como una burla a la severidad y solemnidad que detenta el estado cubano.)

Contra los grandes vientos
y la noche que chirría en sus goznes,

(Los grandes vientos podrían ser todas las corrientes reformistas que han recorrido el mundo durante las últimas décadas, a las cuales permanecen insensibles sólo dos países: Cuba y Norcorea, donde las elecciones son ganadas abrumadoramente por los únicos que participan en ellas. La imagen de “la noche que chirría en sus goznes” es contradictoria, pues si se refiere al capitalismo, sabemos que allí los goznes son engrasados debidamente. Si se refiere a la cárcel, resulta una imagen temeraria, tratándose de una isla donde abunda este tipo de edificación. Estaríamos enfrentando entonces una tercera objeción ideológica.)

contra la falta de oxígeno
y los malos presagios
he hecho lo indecible por empujar un país

(“Falta de oxígeno” tiene que ser el embargo estadounidense. No cabe otra cosa. No puede estar hablando de censura ni de persecución ni de “quinquenios grises”, ni de intolerancia sexual o religiosa, ni de “diversionismo ideológico”. No, no, tiene que ser el embargo. Cuando habla de “malos presagios” se refiere a la certeza de que Cuba seguiría el camino de Europa del Este, luego del derrumbe soviético. Como se puede apreciar, Miguel Barnet resulta un poeta bastante accesible. Y también nos consta que ha hecho lo indecible por empujar el país, sobre todo con tantas interrupciones de congresos y viajes por todo el mundo.)

Pero hay muchas otras cosas que hacer
como amar en lo oscuro,
sin paredes por cierto,

(Una idea muy cercana al poeta, la de amar en lo oscuro, ser amado en lo oscuro, incorporar oscuridad. Amar a la intemperie, sin paredes ni techos, defecar entre las ruinas, orinar detrás de la mampostería: todo esto típico de un país empujado.)

o desgranar el arroz cotidiano con sabor a coleópteros,
o limarse las uñas frente a un espejo de azogue,

(Atención al verso del arroz con coleópteros, pues le suma puntos en el escalafón canónico de Roberto González Echevarría; y que muy bien le vendrían para seguir sosteniendo su candidatura en base a dos libros. De la misma manera que nuestro crítico de Yale salvó a Severo Sarduy por un cuento, no estaría mal agregarle un verso a la salvación de Barnet. ¡Dos novelas y un verso! ¿Las uñas limadas frente al espejo de azogue? Un buen resumen de Canción de Rachel, joya canonizada.)

o jugar a la pelota
con los niños estrábicos del barrio

(Un momento, ¿dije un verso? Vale la pena paladear esta otra joya, repetir con deleite esa rareza de octosílabo seguido por endecasílabo: O jugar a la pelota / con los niños estrábicos del barrio. González Echevarría debe estar de fiesta.)

Así que perdonen si no escucho
las quejas de mis contemporáneos

(Tiene razón, son demasiadas quejas para atenderlas. Y nos consta que sus contemporáneos son propensos al perdón, pero es muy difícil que la Historia le perdone tanta genuflexión. De paso, aquí va una lista de las quejas más recurrentes: oportunista, mal prosista, folclórico, posador, cínico, vedette, sobador de chihuahuas…)

Yo no puedo hacer otra cosa
que seguir empujando un país

(Miguel Barnet cierra con la reiteración de su destino inevitable como Sísifo, y ese sabor postrero hace que el poema nos devuelva la duda: ¿Devoción por la causa o esclavitud? ¿Claves del precio que se paga como intelectual de la nomenclatura? ¿Estará dejando abierta alguna escotilla redentora? Por el momento dejémosle cuesta arriba, todo músculo, pujante y tenso, tras una roca árida y despiadada que con toda seguridad volverá dando tumbos hacia el abismo, como castigo de un dios.) 

© Manuel Sosa

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