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miércoles, 16 de agosto de 2017

Estética de Poder

Nos despierta,
nos obliga a revisar los desvanes
(lo que el Canon desecha).

Luces
y sombras
cubriendo la armazón
condenada a no ser,
a faltar
cuando enumeren
virtudes
porque toda representación
es menos misterio
que estigma.

Que nadie se engañe reclamando
el vacío o la desmemoria,
ni un ruego, ni un argumento
que seduzca.

Es ahora el sabor
que no encontramos 
en este fruto perfumado.
Se muestra en las versales,
en las insinuaciones;
vienen figuras sepias
a entorpecer la trama.

La repulsa de ayer regresa
como penitencia,
y es un olor que insiste,
el campo sobrevolado por cirros
y basura quemada,
para acomodarse
de una vez 
en la memoria.

Si nos dejara proseguir,
que no es relente
y menos planicie
atrayendo cuerpos,
sino una extraña obligación,
atmósfera del sopor,
donde se lee
y se manifiesta otro país,
de un libro a otro,
en la montaña de hojarasca
que con paciencia
siguen
levantando.

© Manuel Sosa

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